Suspiro.

Sólo le apetecía correr y sentirse libre. Con cada paso dejaba atrás sus ruinas, como quien abandona sus pequeñas cosas para conseguir otras más grandes. Nada más lejos de la realidad. Se calzó los oídos con música, pero todo le sonaba a lo mismo, gris tristeza. Seguía corriendo con los ojos bañados en lágrimas. Aún surcaba sus pensamientos y le era difícil comprender el por qué de la situación. Le dolía hasta el alma. Cada latido del corazón le debilitaba. Se desangraba con las puñaladas que le marcaba su propio ser. En ese preciso momento paró. 11:11 observó en su reloj. Miró a su alrededor y contempló viva naturaleza. Los pájaros cantaban y sobrevolaban su cabeza, ajenos a lo que pasaba por la de aquel muchacho. Ahí comprendió que todo seguía como antes pero ya nada lo era. Ni siquiera lo que hay es suficiente. Pero le bastaba, supo comprender que su camino era de vuelta. Volver y que no descarrilara su vida. Él no querría que eso pasara. Volver a volar sin alas, ese era el plan. Tomó un respiro, suspiró y volvió a casa. Nadie supo nada, sólo él. Todos los días abandona su vida para verla desde fuera. Por el momento aún le valía la pena luchar por ellos. Y por ella. Al volver a su cama suspiró, pues otro día más seguía allí. Otro día más. Que no el último. Como si no pasara nada.

Guille.

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