Suerte al trece.

Caminaba dubitativo, cansado y con la tensión por las nubes. Nunca sabía lo que le esperaba aunque intentara predecirlo. Pese a sus 21 seguía en sus 13, pues seguía a un trece. Pese a todo aguardaba su momento. Quizás no había llegado o quizás su tren efectuó su entrada y no supo apreciarlo. Él murmuraba, si todo ha ido mal hasta ahora significa que tengo suerte. Si, esa mala suerte era su certeza de que existía. El error haría que, en algún momento, ese mal se convirtiera en un buen presagio y por fin le llegara esa sensación. Lo cierto es que su suerte había sido una puta con él. Quizás es que daba pie a ello. Que la puta se quite los tacones podría ser el desencadenante de que no lo distinguiera. Solo podía tener claro que nada iba a seguir igual. Subir o morir, nunca quedar en el rellano. Lo incierto desconcierta. Se encontraba en el portal, encendió la luz y buscó un guiño de complicidad. Nada quedó a su merced, todo pasa por algo y ese algo era lo que le hacia pensar que valía el momento. La suerte, al trece.

Guille.

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