La noche de los sueños.

Ahí me encontraba yo. Dilucidando si retomar la senda o volver a dejar todo como estaba. Intacto. Siempre me las ingenio para cambiar yo con el fin de que no cambien las cosas. El fin justifica los medios, pero mis medios no afectaban a nadie. O eso creía. Estaba dispuesto a renegar de mis sueños por tal de que ella cumpliese los suyos. Pero aún no conocía nada de ella. Te escribo a tí. Nada de tus viajes mentales, de donde has ido y quieres ir, de tus pequeñas preocupaciones y desilusiones, caídas y heridas que necesitan cerrarse. Estaba decidido. Quería retomar el camino, la gente buena merece ser feliz. Aunque retomara esto, el fin justificaría todo. El tiempo, quizás no. Hasta entonces, tocará esperar y sonreír a lo que venga, que no será poco. Hasta entonces, habrá que acostumbrarse a esperar en el rellano a que abran la puerta, cualquier resquicio para entrar. Los malos humos frente al aire que sopla en la noche, la noche de los sueños.

Guille.

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