Como desconocidos.

Como desconocidos. Mirándonos a la cara buscando un signo de complicidad, una sonrisa que limara las asperezas de la situación. Ganarnos el cariño mutuo. Nada de eso se consiguió. Nada. Fríos, sin saber qué decir ni hacer. Helados ante la situación. A merced de las olas que golpeaban continuamente nuestra cara y nos revolcaban entre las piedras, arañándonos hasta el alma. Impasibles, haciendo como que no nos importaba, esperando una reacción el uno del otro para dar el paso. Atenazados en ese primer paso, seguíamos siendo desconocidos. Ni señales inequívocas de que buscábamos la complicidad entre los dos ayudarían en la inseguridad del paso a dar. O quizás si. Te cambio una señal por un horizonte que complicar. Una señal de humo para no quemarnos por dentro. Para dejar de ser desconocidos. Lo desconocido asusta, pero siempre se empieza por ahí. Como dos desconocidos.

Guille.

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