Soles de lluvia.

Todos los cambios suponían trabas en su camino. Todo había cambiado salvo su convicción. Las piedras en las que había tropezado durante su andadura habían cambiado de lugar, provocando nuevos golpes, cada vez más dolorosos. Las fuerzas aminoraban, como el viento que soplaba aquella noche en calma. El siseo de una hoja seca que se mecía a ras de suelo, susurrando remordimientos de almohada, penas que quedan entre las sábanas en las que no estás. Hojas secas, marchitas por el tiempo, sin más hacer que su propia desintegración, dejando de ser un uno para formar parte de un nuevo. Como semillas que cumplen su cometido y buscan proliferar en tierras lejanas, con la esperanza de un nuevo renacer bajo la luz del Sol.

Aún en noches como esta, sigo pensando que existen soles que me alumbran mañana, tarde y noche. Soles con vida propia. Con sus defectos que exhaltan su perfección. Que todo siga igual y si cambia, que sea a mejor. Por un día, por una noche. El Sol bajo la lluvia sigue alumbrando pese a no ser vislumbrado. Soles de lluvia.

Guille.

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