Hoy soy el camino.

Comencé este camino fiándome de mis sentidos, de cada una de mis intuiciones y acabé defraudado. La suerte es esquiva e hiriente. Las heridas abiertas del pasado aún seguían sin sanar. De hecho, nunca habían estado lo suficientemente cerca de permitirme soportar malas nuevas. Es más, quizás nunca me haya conocido a mí mismo sin dichas heridas. O lo que es peor, quizás nunca me haya conocido a mí mismo y esté aún muy lejos de hacerlo.

De entre esas heridas emanaban borbotones de sangre que me debilitaban, pero permanecía callado externamente, guardando cada uno de esos gritos de dolor en mi interior, esperando a que alguien fuese capaz de reconocer palabras entre los murmullos, frases hechas entre mis gestos. Mis gestos eran contradictorios, casi tanto como tus luces entre mis sombras.

Nunca supe interpretar tus luces, ni largas ni cortas. Siempre fuí aquel mal conductor de la esquina con la mirada perdida en sabe qué cosas. Nunca terminé de identificar bien todas las señales. Entre los cruces de miradas siempre cedí el paso o permanecí en STOP. El ámbar de aquellas luces era tan ambiguo que, por miedo a chocar, siempre terminaba disminuyendo mi velocidad y frenaba, esperando la ocasión. Pero esa ocasión nunca llegaba. Nunca perdí los frenos pero, sin duda, aquella noche estaba cerca de hacerlo desconociendo que las temeridades tienen sus riesgos y pueden acabar muy mal. Costándonos casi la muerte en vida, perdiendo la chispa que desencadena la explosión. Aquella que en primera instancia es controlable pero que, una vez extendida, arrasa con todo lo que nos rodea, acumulándonos de impotencia con los puños cerrados.

Allí me encontraba, en la carretera de tus sueños siendo mal conductor. Como sabrás, tanto mi coche como mi cabeza dieron miles de vueltas de campana cada noche, día tras día. En cada vuelta se amontonaban mil dudas y, a la vez, las heridas abiertas seguían emanando sangre. Se dice que estas heridas se dejan abiertas para que cicatricen pero, al cicatrizar, pierden parte de su sensibilidad, dejando de ser lo que eran. Lo cierto era que yo no quería que cicatrizaran. Es por eso que, cogí lo poco que quedaba de valor en el coche y pasé de la carretera al camino de tierra, como tantas noches había pensado que pasaría y realmente ha acabado pasando. Uno de tantos deja vu. Nunca fuí primera opción y seguro que habrán llegado muchos antes que yo, con sus relucientes coches. Apuesto a que en un primer momento te decantaste por alguno de ellos. Me encanta apostar cuando no tengo nada que perder. Y más, cuando la apuesta es segura, estoy (in)seguro. Todos llegaron antes que yo, con traje y sonrisa de gala. Todos llegaron antes que yo, pero ninguno llegó tan tarde y con tanto dolor. Ninguno llegó a tu timbre con tan poca sangre. Apuesto a que todos poseían más sangre, pero más fría. Estoy seguro. Las hemorragias se llevaban por dentro.

Hoy no quiero dormir. Me queda un largo camino. La velocidad no me importa. Prefiero admirar el paisaje que me brindan los bosques del sendero, a pie, sintiendo palmo a palmo esa naturaleza.

Por si no lo sabías, siento lo que siento y lo siento, de veras. Lo siento pero hoy soy el camino.

Hoy soy el camino.

Guille.

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