Las ilusiones no llevan salvavidas.

Ahí estaba, viendo mi rostro difuminado y reflejado en aquel charco. La vida no es más que eso. Somos una pequeña fracción del charco en el que se ha convertido nuestra vida. La tuya y la mía, no lo dudes. Lo más bonito de todo es que algún día llegaremos al mar y seremos eternos. El uno y el otro, entre dos charcos.

Lo cierto es que me encanta dejarme la garganta hasta rasgar el alma. Hasta punzar con versos el corazón que forma parte de tí, sin dejar que sangres pero que, cuanto menos, notes mi presencia contigo. Soy tu sombra hasta que tu lo quieras. Parte de tu parte, todo de tu todo. Como un ángel que vive en el infierno. Los verdaderos ángeles están en el infierno, porque para saber del bien hay que conocer el mal desde cerca. La verdad es que no tengo claro que mis verdades sean medias mentiras porque si así lo fueren tambien serían verdades a medias. Por eso me mantengo en la duda. Por eso me mantengo en silencio. ¿Recuerdas lo del charco? Ahí dejé mis recuerdos. En el charco. A remojo. Si el charco es vida mi vida son recuerdos. Seremos parte de un recuerdo para cuando no nos acordemos de esos pequeños detalles. Para aquellas respuestas que atenazan los sueños. Por el principio del final, precipicio de mis inicios y fin de mis males. El mal de la mar es que puede ir a contracorriente, llevándonos a lo más profundo de la inmensidad, donde ahogaremos una a una nuestras ilusiones. Las ilusiones no llevan salvavidas.

Guille.

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Un pensamiento en “Las ilusiones no llevan salvavidas.

  1. Las ilusiones no llevan salvavidas, no. Quizás si quedaran flotando en la superficie del charco (o del mar) el viento las arrastraría cual hojas secas de otoño. ¡Quién sabe dónde acabarían! Las ilusiones de verdad no merecen ser tan efímeras. Mejor déjalas que se hundan, que se conserven en el fondo. Que los mejores recuerdos quedan ahí, las mejores cosas, donde se nos muestra la verdadera esencia, donde el cielo y el infierno no son más que dos caras de la misma moneda.

    Las ilusiones por sí mismas no son nada, no necesitan salvavidas, sólo existen para mantenerte a flote, a ti.

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