Tiempo al viento.

Somos viento. Nos desplazamos donde nos lleva la corriente, impasible, siendo presas del destino. Impotentes ante tanto cambio, tanta ida y venida que nos da la vida. La lágrima que da grima y desanima mi ánima. El ánimo sube y baja como una montaña rusa y, por ello, hay que saber valorar en todo momento dónde y qué somos. El viento nos desplazó. A mis maletas y a mí. Al margen de tus sueños. Ahí me encuentro yo, incapaz de tocar el timbre y pedir compasión cuanto menos una noche. Una sola noche. Porque no necesito mucho más para estar contento. La felicidad es mi sustento. La fe mueve montañas y, a fin de cuentas, las sonrisas el mundo. El mundo sigue y seguirá girando siempre que queden sonrisas por mostrar y amor por demostrar. De monstruos anda el armario lleno, cada uno de los cuales nos pueden llegar a quitar el sueño. Pero hoy no. Hoy ya no. Ya serán menos pues mataré monstruos por tí. Día a día. Noche a noche. Tiempo al tiempo. El viento me llevó para tal fin. El tiempo me concedió la experiencia. Tiempo al viento.

Guille.

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