Con el agua al cuello.

Hay días en los que quiso caer, pero no al suelo. Caer, con los pies en el cielo. Caer, en la cuenta de que todo se esfuma y se reduce a nada. Sumar decepciones acaba restando. Decepciones de la gente. ¿En qué mundo vivimos?. Parece ser que lo de “piensa mal y acabarás acertando” es un hecho, queda dicho. En entredicho sin haber dicho nada, mudeza visual y cierre de bocas si habla el corazón. Si habla con pasión, transmite lo que siente al compás y pierde en cada palabra y cada gesto toda compasión. Tu complicidad es mi felicidad. Mi fe es tu frente y seguir de frente es el camino. Despacito y con buena letra acaban llegando las cosas. De buenos tontos, que no necesitamos hacernos los listos para en un sentido inverso aparentarlo. Las apariencias son unas malas consejeras de cualquier repercusión que tengamos, que sintamos. Porque lo que sintamos serán los síntomas que nos harán diferentes, porque siento que nadie sintió ni sentirá más. Más de nada, con mil ideas y en blanco el papel. Porque lo que de verdad se siente está debajo de la piel. Hasta que el cuerpo aguante, todo lo que le echen. Pasado, presente y futuro. Porque todo empezó ayer y mi presente es un futuro. Hay que saber mirar más allá de lo que dejamos ver. Solo así podrás comprenderme. Amo las causalidades, que lo son siempre. Como que sea 10-11-12, a las 23:32. ¿Solo números?. ¿Horas de reloj?. ¿Fechas de un calendario?. Son momentos. Que nos apriete hasta la lluvia. Con el agua al cuello.

Guille.

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