Y repetir y repetir y repetir.

A merced del viento, donde nos lleve. No dudé en dejarme llevar, a sabiendas de que el viento soplaba en mi contra como siempre. ¿Quién conoce lo que está por llegar? ¿Quién sabe lo que le depara el destino? Nadie. Ni el más sensato de la Tierra conoce más allá de la inmediatez de los instantes de su vida. Ni el músico conoce más allá del último acorde que salió de su guitarra. Nadie escapa de la improvisación que depara el futuro, inmediato y lejano. Por eso, cansado de correr, me dejé llevar. Dejé que la improvisación llenara mis actos, que el miedo a lo desconocido desapareciese y que todo aquello que nos atenazaba se borrara del guion de nuestra vida. El fin justificó los miedos, o más bien, justificó la inexistencia de ellos. La ausencia de caras largas con alergia para dar paso a la alegría. ¿Sabes? Lo peor de las promesas es que se incumplen. Donde nace la ley nace la trampa y ahí, justo ahí, residimos todos nosotros. ¿De qué me sirve prometerte el cielo si no soy capaz de darte más que una sonrisa, un signo de complicidad y un ‘hasta luego’ transformado en un ‘no te vayas’? ¿De qué sirve todo esto? Quizás, y sólo quizás, sea esto lo que nos mantenga aquí, con la llama de la ilusión prendida, la chispa de la vida, la combustión que calienta nuestras almas. ¿Lo crees? Creer es poder, poder es revolución, revolución es armarse de armas en el mar cuando no hay más armas que amar. ¿Querías guerra? Rompan filas, que nuestro corazón reside rodeando nuestras columnas y nuestras manos redefinen el camino a seguir, porque el camino es el destino y el destino es improvisación.

Un minuto de respiro. ¿Qué? El mundo está ahí fuera pero aún seguimos los dos aquí, porque el tuyo sigue ahí, en tus adentros. Y pese a todo ello, hay algo en mi cabeza que grita ‘sácame de aquí y vayámonos lejos’. Por suerte, nunca me guío por mis pensamientos. Lo bonito de todo esto es que seguiré enamorándome del momento. ¿Te ves capaz de salir y darlo todo por lo que pueda llegar? ¿Por resistir todo lo que pueda golpearnos, lo que pueda hacernos frágiles, lo que nos pueda dañar? Sólo me veo capaz si me prometes el cielo, me gusta que me mientan. A veces pienso que tus mentiras saben a verdad, que por el simple hecho de recordármelas terminarán cumpliéndose y yo me lo creo. Pese a todo ello, me lo creo. No hay más iluso que el que se quema con la llama de la ilusión, el que se electrocuta cuando intenta vivir la vida en sus dos extremos o el que explota al dejarse el alma por alguien que escondería la mano en la lluvia de piedras. Pero yo sigo aquí, contigo. Yo me lo creo, porque a fin de cuentas, eso es mi vida. Una oportunidad, una meta, otro reto. Que nadie ponga trabas al destino, pienso terminar el camino por completo. Y repetir y repetir y repetir..

“Que no me falte el aliento si se trata de luchar contra el viento” (Tosko)

 

Guille.

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