Blanco y negro.

Arrancamos hojas del calendario, como si fuesen alas de un ángel caído en lo mas sinuoso del abismo. A un paso del infierno del cuaderno, de libretas y otras metas truncadas. En las sombras, tocando madera y astillando el alma. Sin que nadie nos vea. Porque, aunque no se vea, se siente. A corazón abierto por las heridas que no sanan ni con cirugía. Transfusiones varias por incompatibilidad de emociones. Por reacciones que nacen cuando mueren las ganas. Donde se cuidan mil aspectos salvo lo que quieren que seamos. Donde acaba el día y se suicida la noche. Suicidio colectivo de mensajes de esperanza. En noches heladas donde acaba la sangre fría, donde las miradas hielan y donde las bocas tiritan. Y si sufren es porque sienten. Y si sienten es porque saben ver más allá de la piel, ahí donde los corazones grandes se llenan con poco. Que nos sabe a poco cada uno de nuestros sentidos, por perder el gusto, la curiosidad matando al gato, por pegar oído, por perder el tacto y por no saber ver ni oler lo que estaba por llegar. Porque llegar es un comienzo en el calendario de tus sueños. Mil colores para días en blanco y negro. Blanco y negro.

Guille.

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