Cada vez más.

Intentaron ocultarnos el sol con un manto de nubes grises. Nosotros ocultamos esas nubes al poner las manos sobre nuestros ojos. Siempre aprendemos a valorar las cosas cuando se van. Cuando ya no forman parte de nosotros. No supimos apreciar cada instante a su lado, tan cercanos entre sí y a la vez tan lejos. Solo un poco más, un mal menor. A la deriva de los ecos que surjen de las caracolas las cuales aportan un toque especial a sus noches de insomnio. Una lágrima en la arena que se desvanece y desaparece a los ojos de todos. Pero sigue ahí. La lágrima cristalina de la vida, perdida a saber donde. Donde nadie quiso entrar, entró el Sol. Y nadie se pudo interponer en su camino, porque irradia luz esté donde esté. Con aquella luz nos quemamos por completo, a la par que perdimos la noción del tiempo. Frente al mar, nos sobraban relojes de arena. Porque tiramos la toalla. Tiramos la toalla con vistas frente al mar. Para descansar y sentir, cada vez más. Cada vez más..

Guille.

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