Cuando no caminan las palabras que lo hagan las intenciones.

Y digo yo, caminante no hay camino sino piedras en el destino. El pacto de las sombras cuando somos reflejos del olvido. Somos propios mismos que, en la búsqueda del tú, dejamos de ser yo. Hechos de corteza, echando raíces y buscando energía con ansia. Nos perdimos en el desierto, entre el oasis que creaban conjuntamente la luz del corazón y el alma. Luz banal a los ojos del resto pero que baña nuestra vida y nos nutre nuestra ilusión; día a día, noche a noche. Y seguimos siendo anónimos estáticos a los que urge un giro. Y el giro llegó, para acabar en el mismo lugar. 360º que provocaron vómitos mezclados con nervios, alcohol y resaca. Qué hacer cuando el hígado no da para más decepciones. Cuando el cuerpo dice basta pero el corazón dice “inténtalo una vez más”. Qué hacer cuando dijiste nunca jamás sabiendo que te volverías a mentir a ti mismo. Que los peces se cansan de nadar y se ahogan en su propio llanto. Que los pájaros de mi cabeza son carroñeros y están en huelga de hambre. Y yo soy uno mas de los cien que aún no cayeron en las redes de tu mano, pese a que lo quiera. Que mis castillos en el aire son naipes que caen por el soplido del lobo del cuento. Que caen, como yo, que acabo varado. Sin rumbo fijo. Y no soy capaz de mirarme mis propios pies por miedo a tropezar. ¿Una vez más? Sí. Pero no. Hubo un día en que caí pero no fue el día de hoy. Aprendí que la fe se consigue con la sonrisa del sin techo, porque él es el único capaz de vivir noche a noche con la compañía de miles de estrellas. Soy ese que encuentra con la caída de las primeras hojas del otoño el calor en el verano de mi corazón pese a pasar las noches más desangeladas en el invierno de mi mente, a mis 22 primaveras. Cuando se congelan las ideas y amanecemos helados. Cuando lo único que no cesa es el canto del pájaro en la tormenta que, sabiendo que se ahogará en la nostalgia, sigue cantando risueño su última melodía. ¡¡A volar!!. Y digo yo, que si el camino se hace largo disfrutaremos de él. Cuando no caminan las palabras que lo hagan las intenciones.

Guille.

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