Insomnio y cafeína.

Nació un por qué cuando surgió una duda. Desencantado. Acabé rojo. Entre mis mil colores, con los dedos manchados en sangre. Por eso de hacer de tripas corazón con la sangre fría. Con los dedos en la llaga. Por eso de pensar en no pensar. Con las persianas hasta abajo, sin dar tregua ni un mínimo resquicio a la luz. Como si no existiera el día en la noche ni baladas bajo luz de Luna. Ella sigue serena. Soñando. Y yo cansado de imaginar. ¡¡Estuvo tan llena y tan vacía entre mis brazos!! Tejiendo sonrisas ajustadas, pero todo es injusto. Ya nada es lo mismo e interpreto mi propia obra. La obra de mis adornos, de las sobras de sus estorbos. Por eso de las tejas de su tejado y los gatos negros sobre él. Uno más, con mi mala suerte. Con mis siete vidas que las pierdo cada día. Tirando las piedras a su tejado por eso de que decía que no sentía lo que veían sus párpados. Pero sigo siendo preso. De la cárcel de tus labios. Sus caladas y mil suspiros al cielo, bajo el manto de nubes. Bajo las mantas, el amor del contrabando de mi heroína y la fuga de frases perdidas en el limbo. Echarte de aquí. Y echarte en falta. Echar a correr para no perder lo poco que me queda. Para recuperar el tiempo perdido. Y recuerda princesa. Recuerda eso de que no me olvides. Recuérdalo. Tú fuiste una historia, no un cuento de tantos. Entre bostezos, mi sueño. Insomnio y cafeína.

Guille.

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