13.

Quien decía imposible en la complejidad de la simpleza de sus complejos se amotinaba en la barrera de su esperanza, en el acantilado de sus ilusiones.
Y aquí me ves, tirando piedras a mi propio tejado esperando una reacción por la causa. Soy causa de mis casualidades. El espejo no es testigo de lo que el alma refleja. Quien se queda con la corteza pierde la vitalidad del árbol caído. Y no es más que una de tantas historias que acaban mal. Pero acaban. Por eso acabaste conmigo y con esas ilusiones que se despeñaron en el acantilado. Abandonadas. Fin a la superficie de la superficialidad, esperando en algún lado un nuevo amanecer. Y ya no amanece en tus historias con sabor a caramelo. Me amargas los días y en noches como esta. 13.

Guille.

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