A mar adentro.

Escribo a tu lado. Cada dos por tres, a dos pasos de ti. En uno siento tus susurros como míos. Las heridas superficiales que nacen en ti acaban en mis adentros. Tú en tus altares y yo tan preso de mis silencios, esperando condena. Esclavo de pensar que qué es lo que nos lleva a dejar de recordar. Olvidar. Ahora descansas, pero yo sigo despierto. Cazando sueños dulces. Con un ojo abierto, espectante. Que no hay peor espectador que el que decide vivir en tercera persona, cansado de sufrir en sus propias carnes desilusiones. Carne podrida. Que vivo iluso pero con pulso, firme en mis mil y una noches, en mis miles de canciones. En mis convicciones. Y mientras siga el mar su curso, remaré y amaré a partes iguales. Drenando para evitar el sálvese quien pueda. Porque quiero y puedo. A tu lado existen los botes salvavidas. Y me salvas cuando me guías a puerto. Y ya me pierdo. Porque no sé nada. A mar adentro.

Guille.

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