A mordaza.

Tan triste y tan contento, a la par. Pisando fuerte, paseo. Profundo como sus ojos y yo, tan al fondo de ellos. Reflejado a lo lejos de su tejado, viviendo el momento junto a sus monumentos. Corazón de piedra golpeando el suelo al compás autoritario que me dicta su dependencia. Ya no somos uno, somos dos y medio más. Ese medio que nos desborda felicidad, medias sonrisas y nuestras frases incompletas que nos hacen enteros. Sobran cuentos, me salen las cuentas y se suma al completo. Súmun de la felicidad. Qué vital es la necesidad de felicidad.. Que no exista alergia a la alegría. Contigo, día a día. Y aunque no estés aquí, estás a mi lado. Mis noches. Son sueños y duermo despierto entre tus somníferos perfumes. Lo siento. Sigo a un paso de tu odio. Y te lo digo al oído. En mi tedio, en mis folios. En mi mente. En mis testimonios. Amordazando al cuello del amor. A mordaza.

Guille.

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