Y lo que venga bajo la lluvia.

Madrugada. Los ojos entonados, queriendo cerrar la puerta al pesar de los pesares que arrastramos en eso que llaman vida. Ay vida, hoy serás doña nadie. Enciendes la bombilla de mi felicidad y, acto seguido, la apagas por cruzársete los cables. Viviendo mil interrupciones, cayendo al suelo. A gatas, perdidas ya seis vidas. Se acaba esto. Efímero miedo que merodea y vaticina fracasos. Malos augurios caen a modo de tormenta. El viento hace que sea la lluvia la que azote fuertemente nuestras caras. Y ellos te mirarán desde ahí, detrás del cristal. Sin mojarse. Pero sólo tú y yo conocimos esa sensación. Sentimos la lluvia, el frío que calaba nuestros huesos y nuestros propios latidos. Y empañamos miradas. Sonrisas cómplices. Perdiendo el juicio y recobrándolo al sentir. Anotar si se nota el tic tac del corazón. Notamos la yema de nuestros dedos, marcando el ritmo de tu canción favorita. Mi magia. Caricias y silencio. Y lo que venga bajo la lluvia.

Guille.

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