No me cojerán.

Y hay días en los que te inundan los recuerdos. Te arrastran hasta el fondo de tus adentros y te golpean. Recuerdos buenos. Algunos no tan buenos y otros peores. Pero siempre nos quedamos con el matiz esperanzador. Porque, como quien dice, hace dos días que empezamos a caminar y, casualmente dentro de dos días, estaremos corriendo. Una vez más. Lo que el tiempo se llevó fue una copia, porque aún sigue aquí. Conmigo. Con nosotros. Sigue vivo y lo sé. ¿Verdad? Y, cuando no recuerdo el por qué, escarbo en la arena buscando el motivo. Eras mi playa. Y recuerda que algo que nació de algo tan malo me ha hecho ser más fuerte. No me ha debilitado. Sigo aquí, frente a ti, frente a todo. Tan despacio y difícil.

Y recuerdo que ayer éramos dos desconocidos que deseaban dejar de serlo. Hoy somos rostros conocidos con caricias frías. Ni mucho ni poco. A fuego lento se derriten las miradas. Y cuando pensamos que todo es malo, siempre hay que buscar el lado bueno. Algún día nos pararemos a hablar y reiremos de la de vueltas que da la vida, lo que nos dió y lo que nos quitó, junto a lo que nosotros mismos nos quitamos. Por eso, a día de hoy, sólo quiero robar felicidad para repartirla con todo el mundo. Tan rápido, tan frágil.

Y a veces, la vida impone metas insalvables pero fácilmente rodeables. Errores, lloros, precipicios. No valen excusas, querer es poder y quiero hacerlo. El objetivo sigue fijo, sólo hemos de cambiar la vertiente, nuestro camino; pero nunca, nunca, nuestra meta.

Y nada más. Correré. No me cojerán.

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